ASÍ COMÍA LA REINA VICTORIA | Trifle de Navidad

 

Cuarta entrega de la serie ‘La Mejor Receta de la Historia’, la primera dedicada a una mujer. La Reina Victoria reinó duró más de 60 años sobre el mayor imperio jamás conocido: Gran Bretaña, India, Oceanía, Canadá, gran parte de África y otros territorios desperdigados por el mundo. Fueron tantos los cambios y avances ocurridos durante su reinado que su nombre se asoció a toda una época: la época victoriana. No tuvo prácticamente poder político, pero sí mucha influencia. Mujer pequeña de tamaño, pero con mucho carácter, tuvo 9 hijos y más de cuarenta nietos, bastantes de ellos bien repartidos por las casas reales europeas. Por ello la llamaban la “abuela de Europa”. En la mesa parece que era una auténtica tragona, especialmente tras la muerte de su marido, el Príncipe Alberto. Los dulces eran su auténtica debilidad y, en concreto, dos preparaciones típicas inglesas de Navidad: el puding y el trifle. Aprovechando las fechas en las que estamos, había que hacer uno de estos dos postres.

El puding lo dejaremos en pendientes, y es que hoy me apetece hacer por primera vez trifle, uno de los postres ingleses más internacionales. Seguiremos la receta de la época victoriana, con ligeras variantes para adaptarla básicamente a mi gusto. El bizcocho esponjoso inglés, base del también famoso Victoria Sponge Cake, lo hicimos paso a paso en un vídeo anterior, pero vamos a verlo rápidamente también aquí. En realidad, podéis usar el bizcocho que os apetezca, pero este es el típico del trifle. En primer lugar vamos a separar las yemas de las claras, en total vamos a utilizar 10 huevos L.

A las yemas le vamos a añadir 300 g de azúcar y batimos hasta blanquear. Una vez que hayan blanqueado incorporamos 165 ml de leche tibia sin dejar de batir y 1 cucharada de extracto de vainilla. La vainilla es opcional, la receta original no llevaba. En otro bol tenemos 285 g de harina de trigo a la cual le vamos a echar 16 g de levadura química o polvo de hornear y una pizca de sal.

En la original se usa bicarbonato en lugar de levadura. Mezclamos bien e incorporamos a las yemas en tres tandas. Es importante tamizar los ingredientes secos. Batimos a velocidad baja hasta que se haya incorporado totalmente la primera tanda y volvemos a añadir una segunda tanda. Y repetimos la acción una tercera vez. En un bol aparte y grande montamos las claras. No hemos de añadirle nada, simplemente montarla a velocidad baja hasta que empiece a espumar y luego montar a velocidad alta.

Hemos de conseguir picos firmes. Ahora simplemente vamos a incorporar las claras a la mezcla de las yemas en 3 o 4 tandas, poco a poco y con movimientos envolventes. Es importante que las claras estén bien montadas para darle aire al bizcocho y que no se baje mucho. Yo voy a utilizar un molde de aluminio de 20 cm que voy a forrar tanto el fondo como las paredes con papel vegetal. Como no quiero hornearlo en dos veces utilizaré las paredes del papel para que el bizcocho pueda subir sin problema.

Al horno, precalentado a 180ºC, durante 1 hora opción arriba-abajo. He colocado el bizcocho en la parte baja del horno. Dejamos pasar 5 minutos y lo pasamos a una rejilla hasta que se enfríe. Obviamente para el trifle no vamos a necesitar todo el bizcocho, pero la buena noticia es que este bizcocho está buenísimo por sí solo, así que seguro que no nos sobrará. Otra de las elaboraciones que tenemos que hacer son los AMARETTI, unas galletas italianas características por su textura crujiente y por su sabor a almendra amarga. En un bol tenemos 65 g de almendra molida. Incorporamos 50 g de azúcar glas. Mezclamos bien con unas varillas, mientras mezclamos deshacemos los posibles grumos del azúcar y de la almendra. En otro bol montamos una clara de huevo L. Cuando empiece a espumar añadimos 6 gotas de esencia de almendra amarga, esto es lo que le dará el toque característico al amaretti. Si no las habéis probado, hacedlas, tienen un sabor increíble. Hemos de montar la clara hasta conseguir picos firmes. Incorporamos la clara montada a la mezcla de almendra en varias tandas. Una vez mezcladas ambas elaboraciones pasamos todo a una manga pastelera.

Si os queda demasiado líquida siempre podéis añadir un poco más de almendra molida a la mezcla. En una bandeja de horno sobre papel vegetal vamos formando nuestros pequeños amaretti, su pequeño tamaño es otra de sus características. Dejamos reposar la mezcla en la nevera toda la noche. Al día siguiente los llevamos de la nevera al horno precalentado a 170ºC durante 30-35 minutos. Aquí tenéis mis amaretti, facilísimos de hacer y deliciosos. Dejamos enfriar y guardamos en un táper hermético hasta el montaje del trifle.

Aunque la reina Victoria siempre intentó guardar las apariencias y veló por valores como la familia, el honor y la austeridad, lo cierto es que con la comida no tenía control alguno: engullía todo lo que se ponía a su alcance. Los banquetes reales eran un auténtico festín, con cantidad y variedad garantizada. Comía de todo: carnes asadas, casquería, pescados, marisco, huevos, patatas… Pero el dulce era su perdición: galletas, bizcochos y pasteles no podían faltar a lo largo del día. Está documentado que, además de tostadas, huevos, queso y algún dulce, desayunaba ¡chuletas de cordero con patatas! Una glotona de campeonato. A lo largo de la época victoriana se cambia el tradicional servicio a la francesa (tipo buffet) por el servicio a la rusa (plato a plato). Un cambio que solo afectará a las clases altas que seguirán despilfarrando comida y excesos como en muchas otras épocas de la historia. En la época se calcula que 2/3 partes de los británicos eran pobres y se alimentaban a base de pan, queso y patatas. La creciente clase media podía permitirse carne, pescado y postres.

Otra elaboración clave en el trifle es la CREMA INGLESA. En un cazo echamos 125ml de nata para montar y 125ml de leche entera. Cortamos una vaina de vainilla por la mitad y echamos todas las semillas al cazo, al igual que la rama. Hay que calentarla sin que llegue a hervir. La crema inglesa no lleva ningún espesante, excepto para su versión para el trifle, por lo que hemos de reservar un pelín de los 125 ml de leche y disolver 1 cucharada sopera de maicena.

La incorporamos al cazo una vez disuelta. Mientras tanto en un bol echamos 40 g de yemas, en mi caso han sido 3 yemas de huevo L y media junto con 50 g de azúcar. Batimos bien hasta blanquear. Dejamos entibiar la leche durante 15 minutos aproximadamente. La incorporamos a las yemas batidas a la vez que la colamos. Volvemos a echar la mezcla al cazo y la ponemos al fuego. Removemos sin parar hasta que alcance los 84ºC, justo en ese momento espesará. ¡Maravilloso! Si no tenéis termómetro, sobre todo, no lo dejéis hervir. Vamos ahora con la NATA MONTADA. ¡Ya nos queda menos! Echamos en el bol 500 ml de nata para montar o crema para batir bien fría, esto es muy importante si queréis que monte bien. Añadimos azúcar glas al gusto, yo le he puesto 2 cucharadas soperas. Batimos con las varillas de globo a máxima velocidad hasta que esté montada a nuestro gusto, a mí me gusta bien dura. Una pequeña recomendación, si la montáis el día anterior estará más firme.

Una vez montada pasamos la nata a una manga pastelera y a la nevera hasta el momento de utilizarla. Y acabamos con las preparaciones previas haciendo unas FLORES escarchadas. No os penséis que estas flores son de cualquier jardín, son flores comestibles, que podéis encontrar en fruterías y tiendas gourmet. Para escarchar las flores, batimos ligeramente una clara de huevo, simplemente que espume. Con un pincel pintamos de clara las dos caras de la flor o el pétalo. Espolvoreamos azúcar por ambas caras y dejamos secar durante 12 horas.

Se conserva muy bien en un tarro hermético. ¡Ya lo tenemos todo para montar nuestro trifle! Con todos los pasos previos que hemos preparado y los ingredientes que nos quedan por añadir de aquí solo puede salir algo riquísimo. Cortamos nuestra maravilla de bizcocho en dados de unos dos centímetros aproximadamente. Vamos a presentar un trifle tamaño XXL para 6-8 personas. En primer lugar colocamos el bizcocho. Regamos con jerez dulce. Podéis ponerle el licor que más os guste. Yo le he puesto un chorrito. En la época victoriana, bueno y en la actualidad, prácticamente sumergen el bizcocho en alcohol. Picamos bruscamente los amaretti, además del peculiar sabor a almendra amarga aportarán un toque crujiente.

Este postre se compone de diferentes capas, las cantidades van al gusto. Yo le he puesto 6 amaretti a este recipiente. A continuación llenamos de fresas cortadas, la cantidad también al gusto. Yo reconozco que he abusado de esta capa, pero es que en casa nos encantan. Añadimos unas almendras laminadas. Cubrimos con la crema inglesa, mirad que textura más fantástica. No soy muy amante de este tipo de cremas, peor esta me ha encantado. Y la última capa, que no el último ingrediente, será la nata montada casera. Con el toque de dulzor justo, como a mí me gusta. Aquí sí que hay que ser generosos, la nata montada le gusta a todo el mundo y es una auténtica delicia por si sola. Cortamos unas gominolas de jengibre, que nos van a servir para decorar nuestro trifle. Rematamos la decoración con más almendras laminadas y las flores escarchadas. Creedme si os digo que el conjunto es fabuloso: de sabor, de presentación, de todo.

Hacedlo de postre para Navidad, dejaréis a vuestro invitados patidifusos. Preparamos también una versión más para dos en copas de gintónic. La reina Victoria murió el 22 de enero de 1901 a los 81 años de edad, tras toda una vida de excesos con la comida. Este trifle, que en su época era una auténtica bomba, no veo como aligerarlo sin renunciar al sabor. Para que os resulte un postre de Navidad sabroso y digerible el único secreto es comerlo con moderación. Seguro que merece la pena el sacrificio 😉 Hasta la próxima entrega de ‘La Mejor Receta de la Historia’… ¡no faltéis! .



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